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ME LLAMAN NEGRI.

Me llaman Negri, me pusieron ese nombre cuando vivía en la calle, por el color de mi pelo, negro brillante, roto por unos bonitos ojos verdes.

Nunca he conocido lo que es tener un hogar, y eso que soy cariñosa a pesar de que he pasado muchos años en la calle, toda mi vida hasta hace tres meses.

Durante más de seis años, algunas personas amigas mías me han alimentado, pero ya habían recogido a tantos como yo, que nunca han tenido un sitio para mí en su casa, aunque sí en su corazón. Todo ese tiempo, yo les he esperado en su puerta pacientemente cada noche para poder cenar, dar un paseo con ellas y pedirles un poco de cariño.

Negri

(Esta soy yo hace cosa de un año, en mi antiguo barrio, con mi amiga Oliva, que no ha tenido tanta suerte como yo y aún sigue esperando el momento de dejar la calle)

Ahora vivo en la Protectora de Animales Scooby Zamora con la esperanza de encontrar un dueño y dejar de ser por fin un gato sin hogar.

Me gusta frotarme en los pantalones para que me acaricien, y ronroneo muchísimo, incluso me llevo bien con los perros que quieren ser amigos míos. Soy tan buena, que me dedico a cuidar y amamantar a los gatitos abandonados que llegan a la protectora. Los acepto y me ocupo de ellos como si fuese su madre, cosa que, según me dicen, no ocurre normalmente.

Negri

Poco a poco, han ido adoptando a mis niños y ahora mismo sólo me queda un bebé blanco y negro guapísimo, al que cuido con mucho celo (demasiado a veces, ya que no dejo que ninguno de los otros gatos adultos se le acerque, soy una madre adoptiva muy protectora).

Me encantaría tener una familia que me quiera y, a ser posible, quiera también a mi bebé, para no tener que separarme de él. A cambio, nos querremos y jugaremos mucho, para que quien nos adopte pueda disfrutar de esa bonita imagen.